Esta Niña de 5 años Desapareció y Regresó 50 años Después, y Escondía un Escalofriante Misterio

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A inicios de los años 20 había una familia viviendo cerca de una montaña, formada por una pareja y una niña de 5 años. En ese tiempo se acostumbraba educar a los niños desde muy pequeños a hacer labores del hogar, incluyendo recolectar frutas, por lo que ese día la mandaron a recoger algunas bayas al bosque. La niña se fue muy alegre con una cesta en sus manos.

Pasaron varias horas y sus padres no sabían nada de ella. Salieron a buscarla por todos lados. Al caer la noche se preocuparon mucho más, y se adentraron al bosque, acompañados de amigos y algunos otros familiares. Pero nadie pudo encontrarla, ni siquiera algún rastro de ella.

Se sintieron tremendamente culpables, tanto que decidieron no tener más hijos, por miedo a que les pasara algo similar. La culpa que sentían era muy grande, y nunca los abandonó.

Pasaron los años y ellos seguían buscándola, pero nunca con ningún tipo de resultado positivo. Pensaban que había muerto por el ataque de algún animal, pero al no encontrarse su cuerpo no tenían seguridad de nada.

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Siguieron sin saber de ella hasta 50 años después de ese exacto día, cuando escucharon un pequeño golpeteo en la puerta. Al abrir se llevaron el mayor susto de sus vidas. Aún más grande que el de haber perdido a su hija.

Se trataba de ella, de su pequeña hija de 5 años, la cual aun habiendo pasado 50 años seguía luciendo como el día en el que se perdió, con la misma ropa, e incluso con la pequeña cesta en sus manos. Ella contó que solo habían pasado un par de horas, y que incluso tenía bayas en la cesta, lo cual hacía todo aún más escalofriante.

Todos estaban asustados, los padres por ver a su hija en el mismo estado, y la niña al ver que esos dos ancianos decían ser sus padres pero no lucían como ella los recordaba. Tras hablar por horas ambos entendieron que se trataba de la misma niña, y ella por fin sintió que ellos eran sus padres.

Muchos pensaron que se trataba de una impostora, pero al traer la misma ropa, y lucir exactamente como ellos la recordaban, con los mismos rasgos, no tenían dudas. Aun así, nunca se pudo comprobar que ella fuera la misma niña, ya que no había pruebas de ADN, y la familia vivió siempre con la alegría de haber recuperado a su niña, sin saber nada de del misterio que los envolvía.

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